
Con Marcos Ana vengo sintiendo desde hace hace tanto tiempo que la memoria se confunde. Un vez escribí que a Antonio Machado lo conocía sin conocerlo cuando, siendo un adolescente perplejo, miraba la guerra de España en un mapa que me había fabricado y en el que ponía banderitas de papel según iba avanzando el ejército de Franco, que ganaba siempre, o al menos eso decían las radios de la dictadura de mi país. Entonces también debí de conocer a Marcos Ana porque ya ambos estábamos en el mismo lugar. Luego, mucho más tarde, cuando supe que Marcos Ana preguntaba, y no a gritos, sino directamente a nuestros corazones, tal vez al mío, cómo es un árbol, he de reconocer que no pude decírselo aunque quizá él me oyera y diera por buena la respuesta de que un árbol, amigo mío, es lo que estamos haciendo para que salgas de la cárcel, para que no haya presos políticos, para poder ser, en tu país y en el mío, a pleno pulmón, militantes de todos los partidos, ya sin miedos y sin complejo, seres libres gozando de árboles que crezcan con nosotros, que nos pongan sombra al caer la tarde y nosotros los regaremos cada mañana para que el mundo no se acabe. Eso le decía a Marcos Ana y es probable que me oyera, porque lo poetas conocen lo que no se dice con palabras, pero está y ellos lo saben. Por eso cuando escriben nos hacen más humanos.
Con Marcos Ana, ya digo, vengo sintiendo hace tanto que no se mide por años. A Marcos Ana, que es nombre de hombre y de mujer juntos, le hemos oído las mejores palabras y hemos sido más buenos. ¿A Marcos Ana le falta el Premio Príncipe de Asturias? No: al Premio Príncipe de Asturias le falta Marcos Ana y ese premio nunca estará completo sin el luchador español, el hombre sin rencor que amó la libertad desde la cárcel y que hoy, desde la vida recuperada, sigue honrando la libertad, que no es un concepto sino un modo de estar en el mundo que a todos nos dignifica.
Marcos Ana, Premio Príncipe de Asturias. Cuando oigamos esa proclamación nos saludaremos en la calle, aplaudiremos en las plazas y en las casas y diremos, haciendo sonar las bocinas de nuestros coches, que hemos ganado la batalla contra el olvido y a la inercia, que somos, por fin, protagonistas de la historia, porque somos, hombres y mujeres, dueños de nuestro tiempo y tenemos voz y la usamos. Como estamos haciendo ahora.
José Saramago
Con el título “Ditemi com’è un albero. Memorie della prigione e della vita” Marcos Ana presenta el próximo día 23 de junio sus memorias traducidas al italiano, dentro de las jornadas del Festival de Poesía de Parma.
Hay personas que parecen no pertenecer al mundo y al tiempo en que viven. Marcos Ana es una de esas personas. Como tantos de su generación, arrastrados por prisiones del fascismo español, sufrió lo indecible en el cuerpo y en el espíritu, escapó in extremis a dos condenas a muerte, es, en el mayor sentido de la expresión, un superviviente. La prisión no pudo nada contra él, y fueron 23 los años que estuvo privado de libertad.
El libro que acaba de presentar en Portugal es el relato simultáneamente objetivo y apasionado de ese tiempo negro. El título de las memorias, Decidme como es un árbol, no podría ser más significativo. Con el tiempo, la dura realidad de la prisión acaba sobreponiéndose a la realidad exterior, diluyéndose en una imprecisa neblina que es preciso expulsar de la mente cada día que pasa para no perder la seguridad en uno mismo, por más frágil que se torne. Marcos Ana no sólo se salvó a sí mismo, salvó también a muchos de sus compañeros de cárcel, transmitiéndoles ánimo, solucionando problemas y conflictos, como un juez de paz de nueva especie. Firme en sus convicciones políticas, pero sin permitir que su juicio crítico sea afectado, Marcos Ana transmite a aquel que se le aproxima un irreprimible sentimiento de esperanza, como si pensásemos: “Si él es así, yo también lo puedo ser”. Recuperada la libertad, no se quedó en casa para descansar. Volvió a la lucha política, con riesgo de ser nuevamente encarcelado, y dio inicio a un notable trabajo de asistencia y ayuda a los que continuaban en prisión. En España, unos cuantos amigos y admiradores de su singular personalidad (el premio Nobel Wola Soiynka es un de ellos) lo presentamos como candidato al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Nada sería más justo. Y más necesario para mostrarle al pueblo español que la memoria histórica sigue viva.
Dos Nobel de Literatura, José Saramago y Wole Soyinka, encabezan la propuesta de la Universidad de Granada para que concedan el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia al poeta Marcos Ana. La mía es una más de las numerosas firmas que apoyan el manifiesto donde se ofrecen 23 razones, una por cada año que pasó en prisión el poeta, para recibir un premio que se agrandaría con su nombre. Soy incapaz de resumir los motivos de mi admiración por Fernando Macarro Castillo, a quien todos conocemos por el seudónimo literario con el que firmaba los poemas desde la cárcel. Se llama Marcos en homenaje a su padre, víctima de un bombardeo de la aviación nazi en 1937, y Ana, por su madre, que murió después de muchos padecimientos al final de la guerra.
Escuché innumerables veces su nombre como el preso más veterano del franquismo, por eso le dieron la libertad. Antes se había librado de varias condenas a muerte, pero tuvo que cumplir 23 años en la cárcel por el hecho de militar en las Juventudes Comunistas. En su autobiografía Decidme cómo es un árbol (comienzo de uno de sus poemas) da fe de las torturas a las que fue sometido, pero el relato crece a partir de su libertad tardía, cuando a los 42 años hace el amor por primera vez, se enamora, conoce a Picasso, Alberti, Neruda… Que el jurado del premio lea el libro; no verá un ápice de resentimiento ni deseos de venganza. Le pesa más la gratitud que siente por todo lo que le ayudó a ser generoso, solidario, fuerte y tierno al mismo tiempo. No hay mejor ejemplo de concordia ni mayor contribución a la paz. Seguro que con su historia Almodóvar hará una maravillosa película.
Nativel Preciado

Sábado 6 de junio.
Mañana, de 12 a 14 horas. CAES caseta nº 153
Tarde 19 a 21 CAES
Domingo 7 de junio.
Mañana de 12 a 14 horas Grupo Ed. Urano, Caseta nº 258
Tarde 19 a 21 CAES Caseta nº 153
Jueves 11 de junio.
Mañana de 12 a 14 horas Lª Blanco Caseta nº 160
Viernes 12 de junio.
Tarde de 19 a 21 horas Lª Rafael Alberti Caseta nº 57
Sábado 13 de junio.
Tarde de 19 a 21 horas Lª Fuentetaja Caseta nº 119
Domingo 14 de junio.
Tarde de 19 a 21 horas Lª Antonio Machado Caseta nº 271
“Cuando vi que los propios nietos de fusilados por el régimen franquista desconocían la causa por la que sus abuelos murieron pensé que era el momento de escribir mi historia”, afirmó hoy en Lisboa Fernando Macarro Castillo, que adoptó el pseudónimo de Marcos Ana como homenaje a sus progenitores.
El escritor presentó en el Instituto Cervantes de Lisboa la edición en portugués de sus memorias, “Decidme cómo es un árbol”, en el que se basará la próxima película del director manchego Pedro Almodóvar.
De esta edición en lengua lusa se lanzarán 2.000 ejemplares en Portugal y próximamente el libro se publicará en Brasil, según adelantaron los editores.
A sus 89 años de edad Marcos Ana se mostró “preocupado” porque “los mayores no hemos encontrado -lamentó- el lenguaje o los medios adecuados para dirigirnos a los jóvenes”.
Ana, comunista convencido, cree que su libro “está despertando a muchos jóvenes que estaban esperando un mensaje”.
Después de viajar por todo el mundo abogando por la reconciliación, el autor no se considera “especial”, ni tampoco “un intelectual”, sino “un hijo de la clase obrera que lucha por la libertad y la solidaridad”.
“No se si escribo poemas buenos o malos, pero sí creo que son necesarios”, destacó Ana, que se declara “en guerra al olvido”, para no repetir los errores del pasado, y a favor de la memoria histórica.
“No se puede pasar página sin primero haberla leído”, criticó el activista, para quien la Ley de Memoria Histórica española tiene carencias como “la anulación de todas las condenas dictadas por los tribunales franquistas”.
Además lamentó que más de treinta años de democracia “no han sido suficientes para acabar con el miedo”.
El político socialista luso, Manuel Alegre, firme opositor en la dictadura salazarista portuguesa, definió a Ana durante la presentación de su libro como “la voz de los presos políticos” con una vida basada en una “santidad laica”.
Alegre también recordó el papel “fundamental” que tuvo la llamada “revolución de los claveles” de 1974 en Portugal para “forzar la transición democrática en España”.
Fuente ADN
Marcos Ana estará presentando sus memorias traducidas al portugués, el próximo 28 de Mayo en el Instituto Cervantes de Lisboa.

Amigos, camaradas, hermanos, aquí estamos de nuevo, junto a vuestro duro silencio, para hablar por vuestras bocas enterradas. Ahora hace 70 años que perdimos la guerra, o que nos la hicieron perder los apóstoles de la capitulación. Y llegó “la paz”, la negra paz del franquismo, una red implacable de sangre y odio que nos apresó rabiosamente a todos los defensores de la libertad y la República.
“Sin diques quedó el llanto
Los olivos ardiendo. Desgarradas
con lívido espanto las palomas,
y el toro seco del terror, allanado
la paz de los hogares”.
España se convirtió en un campo de exterminio, en un oscuro paredón donde la máquina de matar trabajaba sin descanso. Miles de españoles eran conducidos como rebaños a las cárceles y a los campos de concentración, y otros directamente a improvisados mataderos, donde eran asesinados, tras haber sido torturados. Y después, la trágica parodia de los siniestros Tribunales franquistas, verdugos elegidos, que dictaron y ejecutaron vuestro fusilamiento. Desde su forzado exilio Rafael Alberti describía aquel tiempo:
“Miradla allí,
la Muerte está en su casa.
Se oye un ciego reloj de horas desiertas.
Y hay muchas calles por donde nadie pasa,
porque ya nadie puede abrir sus puertas.
¡Cuidad que ni una sombra se despierte
en esa triste Casa de la Muerte!”
Y ese genocidio duró 40 años. Y cayeron los mejores hombres y mujeres, o adolescentes como las 13 rosas. Se ensañaron con vosotros, por ser los más comprometidos en la lucha por la felicidad del pueblo. Pero no pudieron exterminar vuestro ejemplo, ni apagar el fulgor de vuestra sangre asesinada. Quisieron mataros y os multiplicaron; ahora sois eternos, formáis parte de la historia. Y viviréis eternamente en nuestro recuerdo y en el pensamiento y en el corazón de las generaciones venideras. Como escribió Pablo Neruda en su “Viaje al corazón de Quevedo:”
“Cuando la tiranía oscurece la tierra y castiga las espaldas del pueblo, antes que nada busca la voz más alta y cae su cabeza al fondo del pozo de la Historia. La tiranía corta la cabeza que canta, pero la voz, en el fondo del pozo, vuelve a los manantiales secretos de la tierra y desde la oscuridad sube por la boca del pueblo…”
Y así volvéis permanente a nosotros, porque todos los tiranos juntos con su siniestro poderío, con sus máquinas de matar, no valen lo que un minuto de vuestra vida, no pesan lo que una palabra nuestra y nunca podrán arrancaros de la memoria y del corazón de nuestro pueblo. ¿Cómo sería posible olvidar, como podría hacerlo yo, que conviví con vosotros en mis años de condenado a muerte, que compartimos el pan y el hambre y que a muchos os di, estremecido de dolor y orgullo, el último abrazo cuando ibais a enfrentaros a la madrugada final de vuestra vida?
¿Y como olvidar el sufrimiento de vuestras esposas o novias, de vuestras madres que dejaron los mejores años de su vida pegadas como enredaderas humanas a los muros de las prisiones?
Hermanos, yo pude salvarme de aquel naufragio, después de 23 años consecutivos de prisión, pero vuestra muerte quedó para siempre abrazada a mi vida. Y al recobrar la libertad os llevé conmigo y golpeamos juntos las puertas del mundo exigiendo solidaridad para España y para sus hijos encadenados.
Y hoy, aunque parezca increíble, a los 30 años de democracia, tenemos que seguir luchando, con la triste autoridad de vuestra muerte y mi vida, para recuperar la memoria histórica, y para que se reconozca pública e institucionalmente nuestra lucha y vuestro sacrificio frente a la estrategia cómplice del olvido y los falsificadores de la historia.
Después de una Dictadura como la que sufrimos, que segó vuestras vidas y la de tantos y tantas hombres y mujeres, no podemos arrancar esa página de la historia para que se la lleve el viento del olvido. Hay que escribirla con el alfabeto del horror, para que esa tragedia que nos tocó sufrir a nosotros, no sea posible nunca más ni para nadie en España.
Conocer la historia de ese tiempo atroz es el más valioso legado que podemos dejar a la juventud de hoy, y la mejor vacuna para proteger la libertad y el futuro de las nuevas generaciones.
Y en esta lucha, podéis sentiros orgullosos de vuestros hijos, de vuestros nietos y nietas, de vuestros familiares, que a golpes de corazón y perseverancia os han arrancado del olvido y están ayudando a construir el gran memorial de la resistencia antifascista.
Hoy, el colectivo “Memoria y Libertad”, al que ellos y ellas pertenecen, nos ha convocado para rendiros este homenaje. Y aquí estamos, junto a un jardín vertical de claveles rojos, erguido como un símbolo sobre las tapias del cementerio. No venimos a llorar vuestra muerte, aunque tengamos que apretar el corazón para evitarlo, sino a afirmar nuestra voluntad de llevar adelante los nobles ideales de vuestra vida.
Hermanos inmortales: sobre estas tapias, ayer salpicadas de sangre y hoy cubiertas de flores rojas, debierais grabar un breve testamento, con los versos que Alberti puso en boca de Juan Panadero:
“Me hirieron, me golpearon,
y hasta me dieron la muerte,
pero jamás me doblaron!”
Marcos Ana. 28-03-2009
Escribe Marcos Ana…
Hoy estuve en la manifestación del 8 de marzo, con motivo de la Jornada Internacional de la mujer trabajadora. Cuando estoy en Madrid acudo siempre a esta cita. La manifestación de hoy ha resultado espléndida, por su continente y por su contenido. Un río humano, desbordado, multicolor y festivo, lleno de pancartas y canciones, de juventud, con la alegría de la lucha por todo lo que las mujeres aún tienen que reivindicar.
(Y no pude evitar, perdonadme este paréntesis, el recuerdo de nuestras madres, esposas o novias, las mujeres de los presos políticos, a las que debemos tanto, que en otros tiempos oscuros y en otra lucha (que es la misma lucha) vivieron años y años pegadas como enredaderas humanas a los muros de nuestras prisiones)
Antes yo tenía la costumbre, cada el 8 de marzo, de presentarme muy temprano en la sede del Comité Central con un mazo de claveles rojos y los iba repartiendo a todas las compañeras que trabajaban en la sede. Y nunca olvidaba, mientras vivió, ofrecer una rosa muy especial a Dolores, nuestra inolvidable Pasionaria, pues su despacho estaba muy cerca del mío…
Ahora mi vida está tan llena de compromisos que no tengo tiempo ni de comprar flores. Pero ha sido una suerte estar hoy en Madrid para vivir la jornada apasionante de esta mañana de sol y de esperanza.
¡Felicidades, compañeras! ¡Vuestra lucha es nuestro orgullo!
Un fuerte abrazo con los colores más vivos del futuro, un futuro que nos pertenece y por el que seguiremos luchando.
Marcos Ana