Medalla al Mérito en el Trabajo (3 comentarios)

Marcos Ana 1

El poeta Marcos Ana recibió el pasado martes 29 de junio la Medalla al Mérito en el Trabajo, “de la que se ha hecho acreedor en base a los méritos desarrollados y a la repercusión social que ha venido aportando y aporta a nuestra convivencia”, según reza la comunicación del Ministerio.

El Ministro Celestino Corbacho le hizo entrega de la Medalla en el Salón de Actos del Ministerio junto a otras personalidades destacatas en sus actividades profesionales. Marcos Ana en una breve intervención dedicó la Medalla recibida a los miles y miles de hombres y mujeres víctimas de la Dictadura franquista, que perdieron su libertad o su vida por defender la Libertad y la Democracia para España.

Hoy le escuché por última vez (2 comentarios)

Saramago

Regresaba de Bilbao y en el aeropuerto, un corresponsal de Radio Euskadi me dio la noticia. Me quedé sin habla, como aturdido. Aunque todo era previsible, estas noticias siempre te golpean de manera inesperada. José Saramago era un ser inigualable, un hombre comprometido con su tiempo, un ejemplo de solidaridad activa y consecuente. Yo le admiraba y le quería como a un hermano.

Ahora, cuando todo es irremediable, me apena  no haber aprovechado las ocasiones que tuve de haber estado más cerca de él.  Pilar, su entrañable compañera, me invitó varias veces a que les visitara en Lanzarote y pasara unos días con ellos. ¡Cuánto me arrepiento de no haber aceptado y haberme perdido la oportunidad de compartir su tiempo más intimo, y conocer mejor las dimensiones de su humanidad!

Hoy le escuché por última vez. Tenía necesidad de hacerlo y  abrí mi libro de Memorias para releer su prólogo tan generoso y el valor supremo que para él tenía la dignidad. Se nos fue, pero su obra y el ejemplo de su vida serán imperecederos. Por eso yo no voy a llorar sobre su recuerdo, sino a reafirmarme en los nobles ideales que compartimos y a los que él supo ser fiel  hasta el último suspiro de su vida.

Marcos Ana

“A pesar de las torturas que padecí, ni he cultivado el odio ni la venganza” (Sin comentarios)

“Yo no tuve nunca una relación especial ni muy directa con Miguel Hernández”, declara el poeta y político Marcos Ana (Salamanca, 1920), que permaneció 23 años en la cárcel, desde 1939 hasta 1961.
Añade: “La primera vez que lo vi fue en el año 1937, vivía yo en Alcalá de Henares, era responsable de la Juventud Socialista Unificada de la región y él era de la unidad del Campesino, era su agregado cultural, y paraba muchas veces allí. Luego lo fuimos a buscar para que hiciera un recital y lo conocí. Me impresionó mucho, primero por su poesía, ha sido uno de los grandes, y luego le vi, ya de paso, en la cárcel de Conde de Toreno, donde Miguel estaba condenado a muerte. Me lo presentaron, le di un abrazo y le recordé que nos habíamos visto años atrás, cuando yo era un chaval en Alcalá de Henares. Murió de franquismo cuando se abría a la juventud”.

Usted fue el promotor de un homenaje especial a Miguel Hernández en la cárcel.
Sí, sí, en 1960 en la cárcel de Burgos pensamos en hacerle un homenaje a Miguel Hernández con motivo de su 50 aniversario. Era un montaje insólito, clandestino. Construimos un escenario con sábanas y con mantas, y unos compañeros, cuatro o cinco relatores, iban narrando su homenaje a Miguel: su vida y sus versos. No crea que era una cosa fugaz: tenía tres actos que tomaban el título de sus libros principales. El primero, El rayo que no cesa, era sobre el amor; el segundo, Vientos del pueblo, sobre la política, y el tercero, Cancionero y romancero de ausencias, sobre la cárcel y la muerte. La obra se llamaba Homenaje a voz ahogada para Miguel Hernández. Sino sangriento. Ahogada por dos razones: no podíamos levantar la voz para no ser sorprendidos por los centinelas, y ahogada porque estábamos emocionados. Yo creo que nunca se hará un homenaje con tanta pasión y tanto riesgo.

¿Cuándo se hizo?
Era octubre. No recuerdo si era noche lunada o no, pero sí que los presos estaban sentados en el suelo con una pasión casi religiosa. Teníamos un pequeño coro, habíamos hecho unos instrumentos, a modo de flautas, con los rabos de las escobas, y detrás del escenario estaba la banda. Cuando en el segundo acto llegaban las Brigadas Internacionales y los franceses sonaba la Marsellesa; cuando aparecían los muralistas mexicanos, sonaba la Cucaracha; cuando venían los rusos sonaba la Internacional. En medio del silencio de la cárcel lo único que se oía era la alerta de nuestros centinelas. Yo era el director y redacté el guión. Ahora la función se ha vuelto a montar y da vueltas por España.

Cuando usted entró en la cárcel tenía 18 años. No sabía lo que era la vida, ni el amor?

Era hijo de campesinos muy pobres, analfabetos, y yo sabía leer y las cuatro reglas y poco más. La cárcel sería mi universidad. A los doce años mi familia me puso a trabajar en una tienda de cordelería e iba por los sitios con un carrito vendiendo cosas: hoces por los segadores, cuerdas. Me sorprendió la guerra y me marché al frente desde el primer momento como mascota al batallón Libertad.

Ha dicho usted que un día oyó a alguien que daba un mitin y pensó: “Este hombre habla para mí”.
En mi juventud yo era muy católico, mi padre también lo era. Un día fui a un acto a repartir la revista católica Hosanna, y mientras repartía me quedé a escuchar a un joven socialista que estaba hablando: era Federico Melchor. Me di cuenta de que estaba hablando de mí, de mi familia, de las condiciones de pobreza que rodeaban nuestra vida. Y me quedé enganchado, e iba a los mítines de los partidos socialistas hasta que ya di el paso al comunismo. Fue un paso difícil porque durante el día cumplía como militante, y por la noche rezaba a solas.

¿Sigue siendo comunista?
Sí, no un comunista de cuartel o de secta, sino un comunista abierto, que quiere vivir su tiempo y escuchar a los demás, porque desgraciadamente a veces veo compañeros honorables que siguen utilizando hasta el mismo lenguaje que teníamos hace años. No te puedes dirigir a los jóvenes como lo hacías antaño, con una especie de catecismo político. Hay que oír a la juventud y hablarle. Sigo siendo comunista y marxista.

Cuenta usted que le estaban torturando y alguien le tiró el retrato de Lenin…
Eso fue así. Yo estaba en los calabozos la dirección General de Seguridad en Madrid, soportando una paliza terrible, y alguien arrojó un papel con el rostro de Lenin. Me pareció una señal. Es que hay una mística revolucionaria.

¿Quién le tiró el retrato?

No lo sé. No fue un sueño. Tras recibir las palizas y hacerme con aquel papel doblado con el rostro de Lenin, me sentí fortalecido y comprometido con aquel retrato. Como por la mañana nos sacaban a hacer nuestras necesidades, al pasar ante otro calabozo lo tiré por la ventanilla a otro compañero para que siguiera luchando. Sé que existe una mística revolucionaria, la he vivido cuando he sido torturado -con máscaras antigás, con corrientes eléctricas, con palizas brutales-: te haces fuerte, lo resistes casi todo hasta perder la conciencia. No querías volverte indigno o delator de tus compañeros.

¿Cómo pudo resistir tanto dolor?
Teníamos nuestros trucos. Pero, después, nunca he cultivado el odio ni la venganza. No se me ocurrió buscar a quien me torturó para romperle la cabeza. Una vez me preguntó uno de mis agresores: “Vosotros, ¿por qué cojones lucháis?”. Yo les dije: “Lucho por una sociedad donde, entre otras cosas, no le puedan hacer a usted lo que usted me está haciendo a mí”. En la cárcel también escribí poesía sobre el dolor y la esperanza de mis compañeros.

Publicó Decidme cómo es un árbol (Umbriel) y ese libro cautivó a Almodóvar, especialmente la historia de la prostituta Isabel de Peñalva. ¿Cómo va el proyecto?
Va adelante. Tenemos un contrato firmado por tres años. A Pedro le gustó mucho la historia: salí de la cárcel después de 23 años de reclusión y dos condenas a muerte. Un amigo me dio mil pesetas para que conociera el amor y me las gastase con una prostituta. Fui, ella se quedó fascinada con mi historia, salimos a cenar y así me estrené con ella. A la mañana siguiente me dejó las mil pesetas y me decía que le gustaría volverme a ver esa noche. Salí a la calle y le compré mil pesetas en flores. Esta escena va a ser el hilo rojo del libro: todo va a suceder en una noche. Pedro y yo somos amigos, nos vemos con frecuencia, y yo creo que se hará la película.

Antón Castro (Heraldo de Soria)

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Premio Abogados de Atocha 2010 (3 comentarios)

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La Fundación Abogados de Atocha otorgó el pasado sábado 23 de enero los premios de esta fundación en su sexta edición a Domingo Malagón y a Marcos Ana, militantes históricos del PCE, por su lucha infatigable por las libertades y la democracia en España.
Se cumplían 33 años del brutal asesinato de los abogados del despacho de laboralista de la calle Atocha. La entrega de los premios tuvo lugar en el auditorio Marcelino Camacho dentro de los actos de conmemoración de este triste aniversario.

Marcos Ana, 90 años de edad y 67 de vida (13 comentarios)

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Marcos Ana cumplió ayer 67 años “de vida” y 90 “de edad”. La diferencia, aclara, son los 23 años que estuvo preso en las cárceles franquistas, más que ninguna otra persona. Ayer se rodeó de unos 200 amigos y ex compañeros de celda en el Círculo de Bellas Artes de Madrid para celebrarlo. Iba a ser una fiesta sorpresa, pero se enteró poco antes. Sí le cogió desprevenido su amigo Luis Eduardo Aute, que de regalo le cantó Al Alba, el himno a los últimos fusilados del franquismo, sin más acompañamiento musical que el ruido de los flases.

“Es verdad que he pasado 23 años en la cárcel, que he sido condenado a muerte dos veces y torturado”, recogió Marcos Ana, de la presentación que le había hecho su amigo Salvador Arias, “pero he sido un privilegiado, porque al salir, la vida fue un regalo y pude hacer lo que quería: luchar por la libertad”. Sus amigos le aplaudieron como aplauden los fans a sus ídolos en los conciertos. Él, abrumado, quiso compartirlos con “los héroes oscuros, los miles de hombres y mujeres que dieron su vida o su libertad en la lucha por la democracia. Para ellos, es este homenaje”, dijo. El premio Nobel José Saramago, que no pudo asistir al evento pero envió a su compañera, Pilar del Río, para darle un abrazo, describió así a su amigo: “Marcos Ana no se ha mirado complacido en el espejo. Lo ha roto en mil pedazos para que en cada fragmento se vea el rostro de sus camaradas”.

Los 200 invitados, entre los que estaba Pedro Almodóvar, que ha prometido hacer de su vida una película, o veteranos comunistas como Armando López Salinas, le cantaron cumpleaños feliz y es un chico excelente. Por la mañana, su ex mujer, Vida, le había sorprendido con una tarta en la que colocó 90 velas. “No me dijo qué deseo pidió, pero yo creo que seguir bien hasta los 100 años”. Es decir, hasta los 77.

Natalia Junquera (El País)

Premio Rene Cassin de Derechos Humanos (3 comentarios)

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El poeta y luchador antifranquista Marcos Ana ha pedido hoy a ETA que deje las armas y que “respete los derechos del pueblo vasco”, al recoger el premio René Cassin de Derechos Humanos que le ha concedido el Gobierno Vasco.
Este premio, instaurado en memoria del jurista francés redactor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y Premio Nobel de la Paz en 1968, reconoce a aquellas personas y colectivos que “dan testimonio de su compromiso en la promoción, defensa y divulgación de los Derechos Humanos”.
El Gobierno Vasco ha concedido este premio a Marcos Ana, seudónimo de Fernando Macarro Castillo, por su actitud al salir de prisión, al defender “la paz y el diálogo” y rechazar “cualquier deseo de venganza”.
El Ejecutivo vasco reconoce al poeta como “símbolo de la concordia y la reconciliación en España” tras la Guerra Civil y la dictadura franquista, de la que fue el preso que más años tuvo en prisión.
Durante su intervención ha recordado que el “noble pueblo vasco sufre una violencia irracional” desde hace muchos años, en los que ETA ha cometido “crímenes brutales que quiero condenar”.
Marcos Ana ha mostrado su deseo de que el “sacrificio” de su vida sirva para que los terroristas abandonen las armas, aunque estén “muy encanallados”, y para que los jóvenes “envenenados por la filosofía de la violencia” se den cuenta de que en democracia se pueden desarrollar todos los proyectos políticos.
La entrega de este premio ha estado presidida por el lehendakari, Patxi López, quien también ha hablado del sueño de una Euskadi en paz y libertad, en la que quepan todas las personas y las ideas y en las que “no hay sitio para la violencia ni quienes la apoyan”.

Rene Cassin

Felices Fiestas (8 comentarios)

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 El poeta Marcos Ana continua recibiendo homenajes a lo largo de todo el país y haciendo posible que su voz se escuche en el mayor número de sitios posibles. Esto es sólo una pincelada de su actividad más reciente. 

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Tengo 90 años menos 23 (5 comentarios)

Es increíble que este hombre, Marcos Ana, poeta, preso durante 23 años en las cárceles de Franco, tenga casi 90. Él lo explica, sentado cerca de la bicicleta estática que le han prestado en el gimnasio de sus vecinos, citando precisamente esos años entre rejas.

Es increíble que este hombre, Marcos Ana, poeta, preso durante 23 años en las cárceles de Franco, tenga casi 90. Él lo explica, sentado cerca de la bicicleta estática que le han prestado en el gimnasio de sus vecinos, citando precisamente esos años entre rejas. “Tengo 90 años menos 23″. Desde que salió de la cárcel, Marcos Ana se convirtió en un apóstol de la memoria histórica. El Partido Comunista le llevó por el mundo para predicar lo que significa la dignidad de los perseguidos.

Para explicar su lucha, que ahora ha cobrado relevancia cuando en España escarbar en la memoria histórica sigue creando tantas riñas, refiere una anécdota que le contó su compañero Simón Sánchez Montero: “Simón estaba siendo torturado, y ya sangraba; entonces el policía, irritado, le gritó: ¿Y por qué coño lucháis vosotros? Simón le dijo: Por una sociedad donde a usted no le puedan hacer lo que me está haciendo a mí. Pues yo lucho por eso”.

Marcos Ana contó su historia en Decidme cómo es un árbol (Umbriel), y desde el año pasado, cuando apareció, ese libro se ha convertido en un emblema de los que luchan, como él, por combinar dignidad y memoria, “y porque no nos arrebaten la dignidad queriendo quitarnos la memoria”. Esa expresión, decidme cómo es un árbol, no es una metáfora. En la cárcel, Marcos Ana dejó de tener una percepción de lo que podría ser un bosque. Ingresó en prisión a los 19 años, y no conoció mujer hasta que salió, a los 41, cuando un amigo le prestó dinero para que se hiciera con los servicios de una prostituta. La prostituta escuchó su historia, y al final no le cobró. Al día siguiente Marcos Ana le envió flores.

Conoció dos penas de muerte y la tortura. Ahora vive en paz, optimista. Le pregunté por qué se mantenía tan optimista. “Eso es bueno para vivir”. ¿Una receta para tener su alegría? “Tener proyectos sanos. Creo que el fin de la vida es cuando acaban los proyectos. Vivo así, como un joven, con la inquietud de un joven, aunque tenga, ¡y me da risa decirlo!, 90 años el 20 de enero”.

En la divulgación de su lucha por la memoria ha encontrado un aliado rendido, Pedro Almodóvar, que va a hacer una película sobre su vida. “La culpa es vuestra, de EL PAÍS. Ustedes publicaron un capítulo de mi autobiografía, el de la prostituta, aquella noche que pasé con ella. Pedro llamó a la editorial; quería hacerse con los derechos. Me encontré con un hombre de una enorme densidad humana, con una sensibilidad a flor de piel… Me dijo: ‘El único problema que tendré es cómo llevar al cine a una persona que representa tanto como tú, pero voy a poner mi talento en conseguirlo”.

¿Y qué tiene que poner Almodóvar para representarlo?, le pregunté. “Lo primero, dignidad; ha sido la clave de mi resistencia, y la de tantos y tantos que sufrieron la cárcel o tuvieron que enfrentarse con la muerte… Eso lo va a hacer él”.

“La memoria es dignidad, pero en mí no hay habitación para el rencor; he dicho siempre que la venganza no es un ideal político, ni un fin revolucionario, aunque no hay que confundir venganza con justicia. Sería absurdo ahora satisfacer mis años de cárcel rompiendo la cabeza del que me la partió a mí”. Ni rencor, ni venganza, ni olvido. “Ni olvido, por supuesto”.

¿Qué le subleva más, o qué le reconforta de aquellos años de cárcel? “En primer lugar, cuando cada noche, a excepción de los sábados, tenía que dar el último abrazo a un grupo de compañeros que iban a ser fusilados. Y lo que más me compensaba era la dignidad con la que se enfrentaban a la última madrugada de su vida”.

¿Siempre, Marcos? “A veces la gente me pregunta qué pensaba cuando sabía que me podían matar. En realidad vivía obsesionado por que cuando llegara mi hora tuviera el valor para saltar sobre un petate y despedirme de mis compañeros, darle un viva a la República, a la libertad”.

Cuando salió a la calle descubrió “la llama excitante de la vida”, y a partir de ahí vivió “como un sonámbulo apresurado” que ahora ve la vida “con la misma esperanza que tienen los jóvenes: que otro mundo es posible”. “Me marcharé sin verlo. Pero pienso que eso va a ser posible un día”.

JUAN CRUZ 15/08/2009 El País

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