Premio Abogados de Atocha 2010 (1 comentario)

ESPAÑA-ABOGADOS ATOCHA

La Fundación Abogados de Atocha otorgó el pasado sábado 23 de enero los premios de esta fundación en su sexta edición a Domingo Malagón y a Marcos Ana, militantes históricos del PCE, por su lucha infatigable por las libertades y la democracia en España.
Se cumplían 33 años del brutal asesinato de los abogados del despacho de laboralista de la calle Atocha. La entrega de los premios tuvo lugar en el auditorio Marcelino Camacho dentro de los actos de conmemoración de este triste aniversario.

Marcos Ana, 90 años de edad y 67 de vida (7 comentarios)

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Marcos Ana cumplió ayer 67 años “de vida” y 90 “de edad”. La diferencia, aclara, son los 23 años que estuvo preso en las cárceles franquistas, más que ninguna otra persona. Ayer se rodeó de unos 200 amigos y ex compañeros de celda en el Círculo de Bellas Artes de Madrid para celebrarlo. Iba a ser una fiesta sorpresa, pero se enteró poco antes. Sí le cogió desprevenido su amigo Luis Eduardo Aute, que de regalo le cantó Al Alba, el himno a los últimos fusilados del franquismo, sin más acompañamiento musical que el ruido de los flases.

“Es verdad que he pasado 23 años en la cárcel, que he sido condenado a muerte dos veces y torturado”, recogió Marcos Ana, de la presentación que le había hecho su amigo Salvador Arias, “pero he sido un privilegiado, porque al salir, la vida fue un regalo y pude hacer lo que quería: luchar por la libertad”. Sus amigos le aplaudieron como aplauden los fans a sus ídolos en los conciertos. Él, abrumado, quiso compartirlos con “los héroes oscuros, los miles de hombres y mujeres que dieron su vida o su libertad en la lucha por la democracia. Para ellos, es este homenaje”, dijo. El premio Nobel José Saramago, que no pudo asistir al evento pero envió a su compañera, Pilar del Río, para darle un abrazo, describió así a su amigo: “Marcos Ana no se ha mirado complacido en el espejo. Lo ha roto en mil pedazos para que en cada fragmento se vea el rostro de sus camaradas”.

Los 200 invitados, entre los que estaba Pedro Almodóvar, que ha prometido hacer de su vida una película, o veteranos comunistas como Armando López Salinas, le cantaron cumpleaños feliz y es un chico excelente. Por la mañana, su ex mujer, Vida, le había sorprendido con una tarta en la que colocó 90 velas. “No me dijo qué deseo pidió, pero yo creo que seguir bien hasta los 100 años”. Es decir, hasta los 77.

Natalia Junquera (El País)

Premio Rene Cassin de Derechos Humanos (3 comentarios)

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El poeta y luchador antifranquista Marcos Ana ha pedido hoy a ETA que deje las armas y que “respete los derechos del pueblo vasco”, al recoger el premio René Cassin de Derechos Humanos que le ha concedido el Gobierno Vasco.
Este premio, instaurado en memoria del jurista francés redactor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y Premio Nobel de la Paz en 1968, reconoce a aquellas personas y colectivos que “dan testimonio de su compromiso en la promoción, defensa y divulgación de los Derechos Humanos”.
El Gobierno Vasco ha concedido este premio a Marcos Ana, seudónimo de Fernando Macarro Castillo, por su actitud al salir de prisión, al defender “la paz y el diálogo” y rechazar “cualquier deseo de venganza”.
El Ejecutivo vasco reconoce al poeta como “símbolo de la concordia y la reconciliación en España” tras la Guerra Civil y la dictadura franquista, de la que fue el preso que más años tuvo en prisión.
Durante su intervención ha recordado que el “noble pueblo vasco sufre una violencia irracional” desde hace muchos años, en los que ETA ha cometido “crímenes brutales que quiero condenar”.
Marcos Ana ha mostrado su deseo de que el “sacrificio” de su vida sirva para que los terroristas abandonen las armas, aunque estén “muy encanallados”, y para que los jóvenes “envenenados por la filosofía de la violencia” se den cuenta de que en democracia se pueden desarrollar todos los proyectos políticos.
La entrega de este premio ha estado presidida por el lehendakari, Patxi López, quien también ha hablado del sueño de una Euskadi en paz y libertad, en la que quepan todas las personas y las ideas y en las que “no hay sitio para la violencia ni quienes la apoyan”.

Rene Cassin

Felices Fiestas (7 comentarios)

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 El poeta Marcos Ana continua recibiendo homenajes a lo largo de todo el país y haciendo posible que su voz se escuche en el mayor número de sitios posibles. Esto es sólo una pincelada de su actividad más reciente. 

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Tengo 90 años menos 23 (5 comentarios)

Es increíble que este hombre, Marcos Ana, poeta, preso durante 23 años en las cárceles de Franco, tenga casi 90. Él lo explica, sentado cerca de la bicicleta estática que le han prestado en el gimnasio de sus vecinos, citando precisamente esos años entre rejas.

Es increíble que este hombre, Marcos Ana, poeta, preso durante 23 años en las cárceles de Franco, tenga casi 90. Él lo explica, sentado cerca de la bicicleta estática que le han prestado en el gimnasio de sus vecinos, citando precisamente esos años entre rejas. “Tengo 90 años menos 23″. Desde que salió de la cárcel, Marcos Ana se convirtió en un apóstol de la memoria histórica. El Partido Comunista le llevó por el mundo para predicar lo que significa la dignidad de los perseguidos.

Para explicar su lucha, que ahora ha cobrado relevancia cuando en España escarbar en la memoria histórica sigue creando tantas riñas, refiere una anécdota que le contó su compañero Simón Sánchez Montero: “Simón estaba siendo torturado, y ya sangraba; entonces el policía, irritado, le gritó: ¿Y por qué coño lucháis vosotros? Simón le dijo: Por una sociedad donde a usted no le puedan hacer lo que me está haciendo a mí. Pues yo lucho por eso”.

Marcos Ana contó su historia en Decidme cómo es un árbol (Umbriel), y desde el año pasado, cuando apareció, ese libro se ha convertido en un emblema de los que luchan, como él, por combinar dignidad y memoria, “y porque no nos arrebaten la dignidad queriendo quitarnos la memoria”. Esa expresión, decidme cómo es un árbol, no es una metáfora. En la cárcel, Marcos Ana dejó de tener una percepción de lo que podría ser un bosque. Ingresó en prisión a los 19 años, y no conoció mujer hasta que salió, a los 41, cuando un amigo le prestó dinero para que se hiciera con los servicios de una prostituta. La prostituta escuchó su historia, y al final no le cobró. Al día siguiente Marcos Ana le envió flores.

Conoció dos penas de muerte y la tortura. Ahora vive en paz, optimista. Le pregunté por qué se mantenía tan optimista. “Eso es bueno para vivir”. ¿Una receta para tener su alegría? “Tener proyectos sanos. Creo que el fin de la vida es cuando acaban los proyectos. Vivo así, como un joven, con la inquietud de un joven, aunque tenga, ¡y me da risa decirlo!, 90 años el 20 de enero”.

En la divulgación de su lucha por la memoria ha encontrado un aliado rendido, Pedro Almodóvar, que va a hacer una película sobre su vida. “La culpa es vuestra, de EL PAÍS. Ustedes publicaron un capítulo de mi autobiografía, el de la prostituta, aquella noche que pasé con ella. Pedro llamó a la editorial; quería hacerse con los derechos. Me encontré con un hombre de una enorme densidad humana, con una sensibilidad a flor de piel… Me dijo: ‘El único problema que tendré es cómo llevar al cine a una persona que representa tanto como tú, pero voy a poner mi talento en conseguirlo”.

¿Y qué tiene que poner Almodóvar para representarlo?, le pregunté. “Lo primero, dignidad; ha sido la clave de mi resistencia, y la de tantos y tantos que sufrieron la cárcel o tuvieron que enfrentarse con la muerte… Eso lo va a hacer él”.

“La memoria es dignidad, pero en mí no hay habitación para el rencor; he dicho siempre que la venganza no es un ideal político, ni un fin revolucionario, aunque no hay que confundir venganza con justicia. Sería absurdo ahora satisfacer mis años de cárcel rompiendo la cabeza del que me la partió a mí”. Ni rencor, ni venganza, ni olvido. “Ni olvido, por supuesto”.

¿Qué le subleva más, o qué le reconforta de aquellos años de cárcel? “En primer lugar, cuando cada noche, a excepción de los sábados, tenía que dar el último abrazo a un grupo de compañeros que iban a ser fusilados. Y lo que más me compensaba era la dignidad con la que se enfrentaban a la última madrugada de su vida”.

¿Siempre, Marcos? “A veces la gente me pregunta qué pensaba cuando sabía que me podían matar. En realidad vivía obsesionado por que cuando llegara mi hora tuviera el valor para saltar sobre un petate y despedirme de mis compañeros, darle un viva a la República, a la libertad”.

Cuando salió a la calle descubrió “la llama excitante de la vida”, y a partir de ahí vivió “como un sonámbulo apresurado” que ahora ve la vida “con la misma esperanza que tienen los jóvenes: que otro mundo es posible”. “Me marcharé sin verlo. Pero pienso que eso va a ser posible un día”.

JUAN CRUZ 15/08/2009 El País

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Vengo sintiendo (2 comentarios)

Con Marcos Ana vengo sintiendo desde hace hace tanto tiempo que la memoria se confunde. Un vez escribí que a Antonio Machado lo conocía sin conocerlo cuando, siendo un adolescente perplejo, miraba la guerra de España en un mapa que me había fabricado y en el que ponía banderitas de papel según iba avanzando el ejército de Franco, que ganaba siempre, o al menos eso decían las radios de la dictadura de mi país. Entonces también debí de conocer a Marcos Ana porque ya ambos estábamos en el mismo lugar. Luego, mucho más tarde, cuando supe que Marcos Ana preguntaba, y no a gritos, sino directamente a nuestros corazones, tal vez al mío, cómo es un árbol, he de reconocer que no pude decírselo aunque quizá él me oyera y diera por buena la respuesta de que un árbol, amigo mío, es lo que estamos haciendo para que salgas de la cárcel, para que no haya presos políticos, para poder ser, en tu país y en el mío, a pleno pulmón, militantes de todos los partidos, ya sin miedos y sin complejo, seres libres gozando de árboles que crezcan con nosotros, que nos pongan sombra al caer la tarde y nosotros los regaremos cada mañana para que el mundo no se acabe. Eso le decía a Marcos Ana y es probable que me oyera, porque lo poetas conocen lo que no se dice con palabras, pero está y ellos lo saben. Por eso cuando escriben nos hacen más humanos.
Con Marcos Ana, ya digo, vengo sintiendo hace tanto que no se mide por años. A Marcos Ana, que es nombre de hombre y de mujer juntos, le hemos oído las mejores palabras y hemos sido más buenos. ¿A Marcos Ana le falta el Premio Príncipe de Asturias? No: al Premio Príncipe de Asturias le falta Marcos Ana y ese premio nunca estará completo sin el luchador español, el hombre sin rencor que amó la libertad desde la cárcel y que hoy, desde la vida recuperada, sigue honrando la libertad, que no es un concepto sino un modo de estar en el mundo que a todos nos dignifica.
Marcos Ana, Premio Príncipe de Asturias. Cuando oigamos esa proclamación nos saludaremos en la calle, aplaudiremos en las plazas y en las casas y diremos, haciendo sonar las bocinas de nuestros coches, que hemos ganado la batalla contra el olvido y a la inercia, que somos, por fin, protagonistas de la historia, porque somos, hombres y mujeres, dueños de nuestro tiempo y tenemos voz y la usamos. Como estamos haciendo ahora.

José Saramago

Presentación en Italia (5 comentarios)

Con el título “Ditemi com’è un albero. Memorie della prigione e della vita” Marcos Ana presenta el próximo día 23 de junio sus memorias traducidas al italiano, dentro de las jornadas del Festival de Poesía de Parma.

Del cuaderno de Saramago (Sin comentarios)

Hay personas que parecen no pertenecer al mundo y al tiempo en que viven. Marcos Ana es una de esas personas. Como tantos de su generación, arrastrados por prisiones del fascismo español, sufrió lo indecible en el cuerpo y en el espíritu, escapó in extremis a dos condenas a muerte, es, en el mayor sentido de la expresión, un superviviente. La prisión no pudo nada contra él, y fueron 23 los años que estuvo privado de libertad.

El libro que acaba de presentar en Portugal es el relato simultáneamente objetivo y apasionado de ese tiempo negro. El título de las memorias, Decidme como es un árbol, no podría ser más significativo. Con el tiempo, la dura realidad de la prisión acaba sobreponiéndose a la realidad exterior, diluyéndose en una imprecisa neblina que es preciso expulsar de la mente cada día que pasa para no perder la seguridad en uno mismo, por más frágil que se torne. Marcos Ana no sólo se salvó a sí mismo, salvó también a muchos de sus compañeros de cárcel, transmitiéndoles ánimo, solucionando problemas y conflictos, como un juez de paz de nueva especie. Firme en sus convicciones políticas, pero sin permitir que su juicio crítico sea afectado, Marcos Ana transmite a aquel que se le aproxima un irreprimible sentimiento de esperanza, como si pensásemos: “Si él es así, yo también lo puedo ser”. Recuperada la libertad, no se quedó en casa para descansar. Volvió a la lucha política, con riesgo de ser nuevamente encarcelado, y dio inicio a un notable trabajo de asistencia y ayuda a los que continuaban en prisión. En España, unos cuantos amigos y admiradores de su singular personalidad (el premio Nobel Wola Soiynka es un de ellos) lo presentamos como candidato al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Nada sería más justo. Y más necesario para mostrarle al pueblo español que la memoria histórica sigue viva.

José Saramago



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